Hola de nuevo! El texto que os traigo a continuación es algo en lo que ando trabajando últimamente y quería compartirlo con vosotros para ver qué opinabais. He de decir que me ha costado mucho decidirme a publicarlo por aquí pero bueno, ahí va. Quedaos hasta el final. 🙂

Frío. Noto frío y siento miedo. Me cuesta respirar. No puedo moverme. Me duele todo. Un escalofrío recorre mi piel. Noto cada poro, cada célula que forma mi cuerpo. Me agujerea el pecho una sensación de ahogo, de presión.

Intento ponerme de lado porque boca abajo no veo lo que ocurre. Me balanceo y mi peso es el doble del que recordaba, me siento como una piedra, dura e impasible; de estas que no las puedes mover ni con una palanca. Espero en silencio. Me quedo quieta, muy quieta. Inmóvil. Oigo mi frágil respiración. Me estremezco. Escucho cómo la sangre sale lenta de mi frente, cómo golpea el suelo y se funde entre las juntas de las baldosas.

Me retuerzo. No puedo mover el brazo. Creo que lo tengo roto. Presto atención. No hay nadie en casa, no está.  Tomo consciencia de que estoy sola, de que puedo respirar (o intentarlo) tranquila. Noto un pequeño alivio aunque, quizá, solo sea psicológico, ya que el dolor físico persiste. Con la mirada recorro el espacio de la cocina. Veo ambos taburetes, uno de ellos en el suelo y con una de las patas rotas; la encimera con las puertas salpicadas de sangre, la nevera abierta con el cajón de las verduras intentando caer y una lata de cerveza en el suelo con todo ese líquido dorado alrededor y, finalmente, el teléfono; mi objetivo,  a lo lejos, en el suelo, muy cerca del horno. Quiero llegar hasta él. Debo llegar hasta él.

Le prometí que la llamaría si volvía a ocurrir. Le dije que todo iría bien pero no, me equivoqué, he de admitirlo. Nada fue como debería ser, nada volvió a su cauce, nada. Me lo planteé seriamente, me dije a mi misma que no iba a fallarme otra vez, que me alejaría del mundo si fuese necesario pero que sería fuerte, valiente y aquí estoy, en el suelo de la cocina, retorciéndome de dolor, negándome a mí misma que esto no ha podido suceder de nuevo, pensando que en cualquier momento volverá y acabará aquello que ha empezado…

Continuará…

Besos

L.

2 comentarios en “El principio del fin”

  1. Lorena: es poco el texto para poder darte una opinión, aunque se deduce que se puede tratar del inicio de una novela basada en hechos reales o ficticios. Pinta bien la cosa aunque es muy pronto. NO tengo ningún inconveniente en ir dándote mi criterio a través de estos comentarios o como tú consideres conveniente. Adelante y ya me avisarás del próximo post. Un saludo

    1. Gracias! De todas formas es una novela que se está gestando y solo he querido publicar un pequeño fragmento porque sino pierde la gracia. Hay más escrito pero solo he querido mostrar un trocitín.

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