Hola! Sé que he estado un poco perdida pero, he de deciros que, ha sido por una buena razón. Las vacaciones. Este año el destino elegido ha sido Marruecos, en concreto, la ciudad de Marrakech. Es cierto que al principio nos dio un poco de respeto elegir este sitio más que nada por la comida pero, por otra parte, opino que es un país que hay que visitar, al menos, una vez en la vida.

Nosotros escogimos un hotel muy céntrico, dado que así resultaría más fácil llegar a La Medina, la cual es el centro neurálgico de la ciudad y donde se encuentra el Soco, es decir, una especie de bazar donde puedes encontrar desde especias hasta babuchas, que son los zapatos típicos de allí.

A parte de lugar obligado a visitar también hay un sinfín de ciudades que ver como por ejemplo Ourika (mirad aquí) o el valle del Atlas que se encuentra a más o menos 2h de Marrakech. ¿Cómo llegar? Por la calle o incluso desde el hotel se puede contratar un tour con chófer privado que te acerca a dichos sitios. Estas “excursiones” son para pasar el día entero. De hecho, el propio chófer te indica los sitios donde puedes comer. En Ourika visitamos la cascada más famosa y luego comimos justo en el río. Y cuando digo en el río es dentro de él, literalmente. Un placer, ya que después de la caminata para subir a lo alto de la cascada no viene nada mal refrescar los pies en la fría agua.

También hemos tenido la oportunidad de ir hacia la costa, más concretamente, a Essaouira (pincha aquí). Es un pueblo muy encantador donde todas las casitas son blancas y azules. Además, se puede callejear por las estrechas calles y una avenida donde se encuentra todo el mercado, es decir, La Medina. En cuanto a comida, lo típico de allí es el pescado directo del mar, es decir, recién capturado. Todos los “chiringuitos” tienen un stand con diferentes tipos de pescado, vas, eliges qué es lo que quieres comer, lo pesan y te lo hacen a la brasa. Eso sí, llevaos una chaquetilla porque hace fresquito.

Al igual que esos dos fantásticos lugares, si visitáis Marrakech no os podéis perder los jardines de La Mamounia (os dejo el enlace por aquí por si queréis cotillear). Se trata de uno de los hoteles más lujosos de toda África y realmente es increíble. No obstante, no podéis dejar de lado el paseo en camello por el palmeral, donde terminaréis la actividad saboreando un típico té marroquí.

Lo mejor es que cuando contratas las excursiones, ya sea por el hotel u otros medios te recogen y dejan en el propio hotel o donde tu les indiques. Respecto a la comida, es cierto que todo lo condimentan a base de especias, sobre todo la carne. Nosotros, la verdad, es que lo probamos todo. Allí son muy características las brochetas, el tajine y el tagine. ¿Qué que son ambas cosas? pues veréis. La primera de ellas es como una especie de cazuelita de barro donde hacen diferentes comidas o guisos como el pollo al limón o una mezcla de carne picada (con especias), tomate y huevo o también hay de verduras (os dejo un enlace aquí). Respecto a la segunda se trata de un jarrón donde se cuece durante tres horas carne con especias. Por otra parte, en cualquier carta de cualquier restaurante podréis encontrar pizzas y pastas así que por la comida no hay problema.

Por último, dentro de las cosas que más llamaron mi atención puedo decir que la forma de conducir, porque esta viene a ser un poco bastante caótica y los puestos de batidos de fruta. Hay muchos tenderetes de fruta donde hacen batidos y zumos de todo tipo y además, están buenísimos. Por cierto, no podéis obviar tampoco la técnica de los tatuajes de Hennah así como el proceso para extraer el famoso aceite de Argán.

Así que, queridos, si estáis pensando en viajar próximamente os recomiendo este destino. Es una cultura diferente donde puedes descubrir muchas cosas nuevas y vivir una experiencia muy enriquecedora, así que animaos e id sin miedo.

Besos.

                   L.

 

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