Vivimos en una sociedad rápida, sin noción del tiempo, en la que pasan las horas sin apenas apreciarlas.

Esto, querido lector, viene siendo lo que algunos han llamado “Síndrome del Siglo XXI”. Y es que el paso del tiempo, esa vida tan rápida, tan fugaz y el hecho de que los días nos pasen cada vez más veloces hace que no apreciemos los pequeños detalles, que todos vayamos a un mismo son, siguiendo una misma rutina que nos ahoga y termina por oprimir. Pensamos más de lo que debemos en el futuro, creando lo que a los psicólogos les gusta llamar ansiedad.

No obstante, los pequeños detalles siguen ahí. Esperando a que los saboreemos, a que los cojamos y los exprimamos. Quizá, lo más triste, es el hecho de que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos y es ahí. En ese momento. En ese instante, cuando nos acordamos de él. El tiempo. Tomamos consciencia de que está, de que existe y la verdad (y no sé si estarás de acuerdo conmigo lector) es que es una pena que nos arrepintamos del tiempo perdido cuando antes podríamos haberlo disfrutado.

Así que, disfruta, vive, corre, ríe, salta, duerme, despierta, ábrete a la vida pero, sobre todo, hazlo ya, hazlo en el presente.

Besos.

L.

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