Bueno, no hace mucho os desvelé uno de mis hobbies predilectos pues bien, ahí va otro.

Si ya me cuesta vivir sin una cámara bajo el brazo, otro de los objetos imprescindibles y que casi siempre llevo conmigo es un libro. Desde pequeña me ha enamorado la lectura, ya que a través de este pequeño objeto uno puede viajar, imaginar, crear, inventar e incluso aprender. Es más, siempre, desde que tengo uso de razón por Navidad he pedido un libro.

Los libros hacen crecer, sirven de terapia. Cuando te concentras en ellos es como si el resto del mundo desapareciese, como si se desvaneciesen los problemas, como si solo existieras tu, unas cuantas hojas de papel y el aire que respiras.

Quizá por ello, por el amor a la lectura estudié Filología Hispánica. De hecho, me encantan las bibliotecas, no solo por ese silencio que se puede palpar sino también por el ambiente que se crea en su interior, hay cultura, hay arte y hay palabras. Palabras que sirven para definir el mundo, para transportarte y llevarte a lugares infinitos que nunca habrías podido imaginar.

Y es que el aprender a conectar con esas palabras, el saber crear un conjunto perfecto que sepa transmitir los sentimientos adecuados en cada momento justo es, sin duda, un poder.

L.

Pd: imágenes sacadas de Google Images.

 

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