Perdida. Creo que es la mejor palabra que define la sociedad del siglo XXI. Parece mentira que aun estando en los tiempos en los que estamos andemos tan perdidos. Hemos perdido el rumbo. Hemos perdido la humanidad. Es cierto (y no lo negaré) vivimos tiempos agitados. No obstante, no hay razón para agitarnos nosotros.

Nos quejamos, incentivamos al odio, nos morimos de ganas porque todo vuelva a su cauce pero a la hora de la verdad, no hacemos nada. Nos obcecamos en todo aquello que nos dicen, nos convertimos en borregos que siguen a un rebaño sin querer diferenciarnos del resto. Vivimos en una sociedad en la que la libertad de expresión a cruzado una línea muy fina, una línea que estaba ahí, esperando a ser cruzada. Vivimos en una sociedad en la que dicen que está bien expresar tu opinión, decir lo que piensas, decir lo que sientes, apoyar lo que quieras o decirlo con las palabras que tú crees oportunas pero la realidad viene después.

La realidad es que cuando queremos o intentamos hacer eso, hacer útil aquello que se llama libertad de expresión, se te echan encima. Está claro que no todo el mundo puede comulgar con aquello que piensas, pero una de las leyes de aquello que llaman comunicación y expresión del pensamiento es el respeto. El respeto por las palabras.

Tú, lector, no te dejes arrastrar, no dejes que te influya lo que digan a tu alrededor, no dejes que te impidan expresar aquello que piensas o sientes por miedo al “qué dirán”. No te conviertas en oveja pero respeta la fina línea de la expresión. Respeta aquello en lo que crea tu vecino, tu amigo o tu compañero, respeta la ideología que tenga, respeta aquello que sienta pero escucha. Oye lo que tenga que decirte, no juzgues, mantén tu mente abierta, préstala a que pueda cambiar de opinión, déjate llevar.

Como dijo Bob Marley “La libertad de expresión lleva consigo cierta libertad para escuchar.”

Se tú

L.

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