Quiero. Una palabra muy ambigua que tiene diferentes perspectivas. Puedes saber que es lo que quieres (o no). Puedes querer un beso, una flor, una caricia. Un momento que te deje sin aliento, sin respiración, que te ahogue, que te rescate, que te aprisione y descomprima.

Puedes, quizá, querer que alguien te diga te quiero. Sí, esas dos palabras. Palabras que tienen un inmenso poder. Capaces de hacer que tu corazón se acelere, que se congele o que se rompa si se formula la negativa. No te quiero.

Puedes querer pasión, alegría, tristeza, emociones al fin y al cabo. Puedes querer gente a tu alrededor o la mas inmensa soledad. Simplemente, puedes empezar por decir quiero.

La cuestión está en querer saber que se quiere.

L.

 

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