En la vida hay decisiones difíciles, fáciles, más complicadas, algunas menos, extrañas, raras, algunas que no se saben bien porque se toman pero, la mejor, la más simple, fácil y sencilla es cortar por lo sano. Y es que es tan simple decidir como ir eliminando aquellas cosas que te hacen daño, esas que no hacen ningún bien, que quizá (o no) llevan ahí guardadas mucho tiempo y que se aferran a ti porque tu, sí, tu no sabes darles puerta. Esta claro (y admito) que es muy fácil aconsejarlo desde fuera pero, como siempre digo, hacemos de lo fácil lo difícil y no, así no. De hecho, los únicos que saldremos perdiendo seremos nosotros.

Pero bueno, cuando te sientas atrapado, enfrascado, sin salida…; para, respira y piensa. No caviles creyendo que aquello que haces o que sientes no va a salir bien o que no es lo que esperabas o que te has quedado ahí, tirado y sin rumbo. Detente, analiza y corta, corta por lo sano y ya que estás sanea todo aquello de dónde lo has cortado para que no queden malas hierbas. Planta algo bueno en su lugar, algo que te motive, que te estimule, que te haga sentir, algo que sea totalmente sano para ti (se un poco egoísta).

Ten presente que, porque lo cortes, no significa que vaya a desaparecer sino que podrás avanzar más rápido, serás un poco más feliz y veras las cosas que te rodean y las decisiones que tengas que tomar con un poco más de claridad; recuerda, has cortado por ahí, por lo sano.

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