Un cubo de agua fría. Una sensación que no sabes bien cómo explicar. Un golpe, dolor, soledad, frío, compasión, pena. Está claro que cada persona es un mundo y que cada uno lo toma de forma diferente pero nadie sabe, a ciencia cierta, cómo explicar aquello que se siente. Es un proceso que se tiene que asimilar antes de que pase. Algo que todo el mundo tiene presente pero que, a su vez, nadie quiere ver. Quizá sea una etapa, quizá un trámite pero hay que ser consciente de que está ahí, en la vida de cada uno.

La muerte ocurre, te deja huella. A nadie le gusta que ella aparezca, que te arranque de tu lado al ser que más quieres. Pero dale la vuelta, no pienses que te ha dejado, piensa que esa persona, que ese ser estaba listo para conocer otras cosas, otro mundo, otras sensaciones, piensa que está protegiéndote, que te deja porque sabe que vas a estar bien, que puede que flaquees en algún momento pero que cuando recuperes todas tus fuerzas, superes todos tus miedos, todo volverá a su cauce. Todo volverá a su orden, su calma, su quietud. Entonces volverás a ser tú.

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